lunes, 19 de mayo de 2014

¡Que no se salten etapas!

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¡Estoy desesperado, mi hija solo tiene 12 años y se comporta como si tuviera 18! Abrimos los ojos demasiado tarde, sin darnos cuenta que desde muy pequeños les hemos ayudado a correr antes de enseñarles a andar.
No nos damos cuentas pero nuestros hijos se hacen mayores con mucha más rapidez que antes. Nos hace gracia que tengan novio o novia a los 7 años, que quieran vestirse como el protagonista de su serie preferida e incluso les pintamos las uñas de rosa cuando aún no saben casi ni leer. ¿Por qué nos extrañamos entonces de que con 13 años tengan novios casi mensualmente o se gasten toda su semanada en uñas de gel?
Son síntomas que admitimos con benevolencia, hasta con simpatía, como signo de que nuestroshijos se hacen mayores. Pero realmente, ¿se hacen mayores porque están sometidos a estímulos que los condicionan para que actúen y piensen como mayores o maduran realmente?
Los niños nacen con la necesidad y capacidad de adaptarse al medio. Si les ofreces modelos y estímulos adultos, asimilarán estos modelos y se acomodarán a ellos, saltándose etapas previas necesarias para el desarrollo de sus estructuras psicológicas, cognitivas y emocionales.
Posiblemente, crecerán inmaduros, sin base sólida, sobresaturados de estímulos rápidos y cambiantes que no les darán tiempo a asimilar lo aprendido.
Protege a tu hijo de un desarrollo precoz artificial. Defiende su infancia y protégela para que tenga tiempo de ser niño y asentar los aprendizajes que “le tocan” y no los que le fuerza a metabolizar la sociedad.
Cinco consejos para no ayudarle a ser mayor antes de hora:
  • No colabores riéndoles las gracias cuando habla o se comporta como un adulto. Todo lo que le refuerzas con tu atención queda aprehendido con intensidad en su cerebro.
  • No le pintes las uñas, los labios “como mamá. ¡Solo tiene 5 años! Ni le permitas vestir como una adolescente cuando solo tiene 8. Media con ella, reflexiona y negocia pero que no decida la moda o la protagonista de su serie preferida cómo vestir.
  • Aclárale y aclárate sobre donde están los límites. A veces, somos los padres los que no sabemos hasta donde dejar y cuando decir “no”, ya que también estamos influidos por los mismos estímulos. Pregúntate, ¿qué tipo de infancia quiero que tenga mi hijo? ¿Debo permitir lo mismo que permiten los demás padres o para mi es importante no claudicar en algunos puntos?
  • Ayúdale a desarrollar criterio. Enséñale a comparar, a fijarse en los detalles, a preguntarse. Desde que tu hijo es pequeño explícale, adaptado a su edad, que hay detrás de los anuncios, de las campañas de publicidad, de las películas…
  • Proporciónale experiencias apropiadas a su edad, controla su tiempo de ocio y llénalo de vivencias ricas, de amigos con características similares a ellos, con naturaleza, conactividades familiares y con deporte.
 Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos

viernes, 9 de mayo de 2014

Tu hijo no nace siendo lector. ¡Tú lo haces lector!

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Nueve consejos prácticos para formar hijos lectores:

  1. Lee junto a tu hijo, en cualquier situación y por cualquier motivo. Lee los paquetes de cereales en el desayuno o la cartelera de los cines el fin de semana. Léele las instrucciones para montar su castillo de juguete o busca con él información en internet para saber más sobre su animal preferido. Por supuesto, cuéntale cuentos, léele poesía, adivinanzas, trabalenguas…
  2. Convierte la tele en una aliada, no en un enemigo. Si la pequeña pantalla es lo que realmente le engancha, hay que fijarse en sus programas preferidos y tratar de buscar librosrelacionados con su pasión. Tenemos ya garantizado un mínimo de interés.
  3. Visita la biblioteca pública del barrio con asiduidad. Los fondos de la sección infantil y juvenil de las bibliotecas públicas ofrecen muchos más libros de los que se puedan tener en casa. Suelen celebrarse además actividades de animación a la lectura y encuentros con otroslectores.
  4. Invítale a “merendar” libros. En lugar de golosinas o chocolate, invítale de tanto en tanto a elegir un libro de la librería. Hay libros de todos los presupuestos y una merienda literaria no tiene por qué ser cara.
  5. No te empeñes en que le guste lo mismo que a ti a su edad. No, a tu hijo no le gusta todavíaJim Boton y Lucas el maquinista. En estos momentos disfruta con Mortadelo y Filemón. ¿Qué problema hay? Se está forjando su gusto por la lectura, no el tuyo. Aprende a esperar para dar los libros adecuados en el momento oportuno.
  6. Preséntale la lectura como un premio. “Si acabas pronto tus deberes, podrás sentarte en el sofá a leer ¡durante media hora! Yo también intentaré acabar pronto para leer contigo ¿Qué te parece?”
  7. Sé regular. Convierte la lectura en un hábito. No es necesario mucho tiempo pero sí ser sistemático. Si tu hijo es pequeño, reserva 10 minutos del día para leerle. A este intervalo de tiempo, puedes llamarlo “La hora de jugar a leer” y anúnciaselo como si hubiera llegado la mejor hora del día. Aunque tú no te pares a pensarlo, estar junto a ti, con tu atención y con un buen libro, para tu hijo es el mejor momento del día.
  8. Suscríbelo a una revista especializada para niños. Nunca falla: recibir una revista a su nombre, como papá o mamá, con contenido especialmente seleccionado para sus intereses es un “gancho” seguro.
  9. Crea misterio alrededor de los libros. Para un niño de primaria, no es lo mismo leer un libro de intriga o aventuras sentado tranquilamente en el sofá que leerlo en ese mismo sofá pero a oscuras, con una linterna, debajo de una sábana, para que no os descubran los malos.
  10. Explota su curiosidad. No es lo mismo invitar a tu hijo (de secundaria) a leer un libro (que sabemos va a rechazar) que decir, mientras lo dejas olvidado en la mesa de la cocina: “¡Uf, demasiado fuerte para mí…!” Seguro que la curiosidad puede con él.
Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos.com
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jueves, 6 de marzo de 2014

Leer y autoestima

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Cuando le lees un libro a tu hijo, no solo le estás fomentando la creatividad y la imaginación. No solo le estás ofreciéndole una oportunidad para que crezca por dentro.
Cuando tú dedicas tiempo para leer con él, le estás diciendo sin palabras que él es valioso. Que su compañía es agradable. Que crees en sus talentos y en su capacidad de aprendizaje. Le dices que en ese momento no hay nada tan importante para ti como leerle ese libro y que no te gustaría estar en otro lugar que no sea junto a él.
Leer un libro junto a tu hijo es un concentrado de autoestima para él y un momento de mediación afectiva para ti.

Fuente: solohijos.com 

miércoles, 5 de marzo de 2014

Los hijos y las tareas domésticas

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Con lo fácil que era antes, ni siquiera tenías que pedírselo: en cuanto tu pequeño te veía con el trapo en la mano corría a ayudarte, y es que le encantaba imitarte. Ahora se le ocurren mil cosas mejores antes que sacar los platos del lavavajillas. Imitar ciertas conductas ya no tiene aliciente, sin embargo, ahora puedes convencerle de otras maneras: tu hijo ha madurado mucho en su capacidad de reflexión y comprensión.

Es importante que tu hijo colabore en las tareas domésticas, no sólo porque os descargue de algo de trabajo sino, sobre todo, porque es bueno para su desarrollo psicosocial. Si quieres que el día de mañana sea una persona más responsable, debe empezar por responsabilizarse de sus pequeñas obligaciones en la casa. Es frecuente oír a muchas familias que sus hijos adolescentes no contribuyen nada en los trabajos domésticos. Pero también es frecuente oír, cuando los niños todavía son pequeños, “ya le tocará hacerlo cuando sea mayor” y ver cómo sus padres hacen todas las tareas sin exigirles nada.
Si un niño nunca ha tenido que colaborar en casa, no se puede pretender que con 13 años empiece a hacerlo de forma espontánea. La colaboración y el sentido de la obligación es algo que hay que fomentar desde que son pequeñitos.
Cómo contribuye a su desarrollo personal
  • Responsabilidad: Al depender de ellos ciertos aspectos del buen funcionamiento de la casa su sentido de la responsabilidad aumenta.
  • Independencia: Al no darles todo hecho estamos contribuyendo a que maduren y sean más autónomos.
  • Autoestima: Ver que en casa se les confían trabajos que contribuyen al bienestar de toda la familia puede ser muy gratificante, incluso aunque suponga un esfuerzo.
  • Adaptación social: Adquirir cierto compromiso con las tareas del hogar cuando aún son pequeños les ayudará más tarde a incorporarse a una sociedad en la que hay que trabajar, tanto fuera como dentro del hogar.
  • Valoración del trabajo: Al aportar su granito de arena comprenden mejor el esfuerzo y la importancia del trabajo de los demás.
  • Cooperación: En el hogar se pueden aprender muy bien las ventajas de colaborar; trabajando todos en equipo las cosas salen mejor y se terminan antes.
Cómo hacer para que colabore
Razonar, negociar y motivar son las estrategias claves para conseguir que tu hijo colabore en lasobligaciones domésticas.
Explícale por qué debe ayudaros, hazle ver las ventajas de que participe en los trabajos de casa. Por ejemplo, si te ayuda a guardar la ropa en los armarios, terminaréis antes y podrás jugar con él a lo que quiera. Ésta es también una forma de motivarle; colaborando entre todos las obligaciones se resuelven más rápido y hay más tiempo para dedicar a actividades familiares de ocio.
Vuestra actitud cuenta muchísimo:
  • Cuando le pidas algo, déjale un tiempo razonable para cumplirlo.
    Si está enfrascado en una actividad, espera a que la termine. Así verá que respetas sus intereses y no estará tan inclinado a rebelarse contra tu petición.
  • Valora sus intentos y su buena disposición más que sus resultados. Si no ha dejado la habitación tan limpia como esperabas pero lo ha intentado felicítale por ello.
  • Deja que solucione él solo las pequeñas dificultades que se le presenten. Si haces las cosas por él por que a ti te salen mejor terminará por pensar: “para que voy a esforzarme si ya hay quien lo hace por mí”.
  •   En casa no se debe hablar de las tareas domésticas como algo desagradable pues podrían ser interpretadas como una forma de castigo.
¿Se deben recompensar las tareas domésticas?
Colaborar es una regla de convivencia. Todos los miembros de una familia deben contribuir al buen funcionamiento del hogar. Hay muchas cosas que los hijos pueden hacer sin que deban por ello esperar más que el respeto y el cariño de sus padres. Encargarse de sus propias cosas debe ser la principal tarea doméstica de cualquier hijo como hacer la cama y mantener el cuarto ordenado. Pero hay otras muchas cosas en las que puede colaborar en función de su edad como regar las plantas, poner y recoger la mesa, limpiar, sacar la basura, participar en la compra y en la cocina, etc.
Siempre hay que tener en cuenta las circunstancias, nunca debemos olvidar que su principal obligación son las tareas escolares y son a las que debe dedicar verdadera atención. Y debemos tener en cuenta que los niños necesitan tiempo para jugar. A veces los padres interpretan las actividades extraescolares como tiempo de ocio mientras que para el niño son auténticas obligaciones.
Es fundamental que las tareas domésticas se compensen en su justa medida con las obligaciones escolares y extraescolares dejando un amplio margen de tiempo libre y puramente lúdico para que el niño lo dedique a sus aficiones.
Aunque ayudar en casa sea una responsabilidad más, existen excepciones en las que se puede recompensar, por ejemplo, cuando se le pide un trabajo especial como pintar la valla del jardín. De esta forma se incentiva su trabajo y se le demuestra que también sabemos valorar cuándo está haciendo un esfuerzo extra.

¿Quién hace qué en casa?
El hogar es hoy por hoy el principal foco de aprendizaje de los estereotipos. Las cosas están cambiando pero todavía existen los roles masculino y femenino en cuanto a las tareas que cada uno debe desempeñar en el hogar. Para no contribuir más al concepto erróneo de “tareas de niño – tareas de niña” hay que educarles desde el principio en la igualdad, a través de dos caminos:
  1. Lo que ven: tanto mamá como papá deben participar en las tareas domésticas.
  2. Lo que hacen: las diferentes obligaciones de los hijos deben estar en función de factores como la edad o la capacidad, pero no el sexo. Si siempre pides a tu hija que te ayude en la cocina, su hermano no sólo no aprenderá a hacerlo sino que terminará viéndolo como una obligación inherente al sexo femenino y, por tanto, de la que él está excluido.
Esther García Schmah
Pedagoga

Fuente: solohijos.com