miércoles, 4 de junio de 2014

Cambio y Proclamación de Abanderado

Ingreso de Abanderada y Escoltas

El sábado 24 de mayo en los Patios de la Unidad Educativa “Juana de Dios”, se llevó a cabo el Cambio y Proclamación de Abanderado del Pabellón Nacional Periodo lectivo 2014-2015.
El evento dio inicio con la entrada de los estudiantes de Primero y Segundo de Bachillerato, quienes conformaron el Marco Cívico. Posteriormente ingresaron los estudiantes de Tercero de Bachillerato, seguido del Abanderado saliente, periodo lectivo 2013-2014 el Sr. Roger Josué Rojas Márquez.

La abanderada la Srta. Estrella MabelyBuele Duarte, Srta. Joselyn Fernanda Romero Herdoiza, Primera Escolta y la Srta. Ericka Gabriela Molina Cevallos, Segunda Escolta del Pabellón Nacional realizaron su ingreso con patriotismo y orgullo.
La Lcda. Mercy Aguilar Ordoñez profesora de Lengua y Literatura ofreció la conferencio alusiva a la fecha con el tema: 24 DE MAYO DE 1822 “LA BATALLA DE PICHINCHA”.
María Isabel Solano de la Sala, secretaria de la institución se hizo cargo de la lectura del acta de la proclamación del abanderado del Pabellón Nacional año 2014-2015.

Posteriormente la rectora de la institución hizo la entrega de la Bandera del Ecuador a la señorita Estrella Buelen, al mismo tiempo la Rectora y la nueva Abanderada realizar un dialogo de juramento y respeto al emblema Patrio.
Continuando con el acto los Padres de la Abanderada y de las Escoltas realizaran el ceñimiento de la banda, consecutivamente se realizó la entrega de un acuerdo a cada una de las estudiantes.

La clausura del acto estuvo a cargo de la Gerente de la institución la Lcda. Juana Gómez de Chica, finalizando con la salida de los Abanderados, Marco Cívico y Alumnos.


Personal Docente junto al Abandero Saliente, Abanderada y Escoltas

Redacción: Club de Periodismo "Juana de Dios"
Fotografía: Alumno Samir Cabrera.

martes, 3 de junio de 2014

No es lo mismo obediencia que compromiso

132_no-es-lo-mismo-obediencia-que-compromiso2

Hay una gran diferencia entre obediencia y compromiso. Cuando tus hijos obedecen, actúan dirigidos por ti. Cuando están comprometidos, son ellos los que se mandan y perseverarán hasta conseguir lo que se propongan.
La mayoría de las veces solo buscamos que nuestros hijos obedezcan. Que cumplan con sus obligaciones escolares y familiares, y si es a la primera, mejor. Pensamos que poco a poco encontrarán un sentido a lo que hacen o sencillamente se acabarán acostumbrando, desarrollando un hábito saludable.
Este objetivo está bien pero hay algo mejor: desarrollar desde que son pequeños un sentimiento de compromiso.
¿Cómo hacerlo?
  • Fomenta en ellos el sentimiento de pertenencia a la familia. Que se sientan importantes dentro de ella. Que sean de verdad un elemento relevante sin el cual la familia no funcionaría cómo lo hace. Hacerle ver que su colaboración, y su vida, son valiosas e insustituibles. En ocasiones nuestros hijos viven con nosotros pero no saben cuál es su papel en la familia, cuál es su rinconcito de maniobra, qué son ellos para el resto de sus miembros.
  • Enséñale a ver la trascendencia de las cosas. El objetivo no es solo que entienda por qué debe hacer las cosas sino también que trascienda la orden en sí misma. Por ejemplo, no es lo mismo decir “Ana, ayúdame a hacer la cena para tus hermanos, por favor” que “Ana, hoy ha sido un día muy duro para mí. ¿Podrías hacer la cena a tus hermanos?”. El ritmo precipitado del día a día no siempre nos permitirá hacer esto pero sí muchas más veces de las que creemos.
El compromiso crea entusiasmo, autoresponsabilidad y perseverancia. Cuando tu hijo actúa comprometido con su familia o consigo mismo, ya no necesita excusas pues solo busca resultados. Cuando se equivoca pide ayuda o cambia de estrategia. Las pilas las lleva dentro y ya no necesita recambio.
Fuente: solohijos.com

jueves, 29 de mayo de 2014

¿Es importante que me reúna con el tutor de mi hijo?

Es-importante-que-me-reuna-con-el-tutor-de-mi-hijo

¿Cuántas veces te has entrevistado con el tutor de tu hijo? ¿Crees que es suficiente? A veces no tenemos muy claro cómo y cuándo debemos dirigirnos al centro educativo donde estudian nuestros hijos, pero es importante que cada cierto tiempo nos reunamos con el docente responsable del niño para intercambiar información y definir objetivos.

En más de una ocasión he escuchado excusas como éstas de los padres de mis alumnos:
-”No hemos venido antes para no molestar. Como parecía que no había problemas, no queríamos hacerles perder tiempo. Ya sabemos que tienen mucho trabajo…”
Y, si he de ser franco, yo también he tenido la tentación de excusarme de la misma manera ante el tutor de mis hijos. Por alguna extraña razón, nos resulta difícil encontrar el momento oportuno para concertar la cita, tememos hacernos pesados. Lo cierto es que el contacto periódico con el centro educativo es algo fundamental para que tu hijo aproveche al máximo las oportunidades educativas que se le ofrecen.
No me extenderé sobre la utilidad de estas visitas. Sólo apuntaré algunos hechos: la educación de nuestros hijos es un trabajo conjunto que realizamos junto con sus profesores, por tanto es absurdo llevarlo a cabo sin la comunicación y coordinación necesarias; conocer el centro y hablar con los profesores nos permite disponer de más datos para valorarlo; además, es un medio de formación a nuestro alcance y, por si fuera poco, cada vez que hablamos con el tutor se produce una especie de motivación mutua que hace que, tanto nosotros como nuestros hijos y el mismoprofesor, dediquemos más atención e interés a la tarea que nos ocupa. Así pues, si estamos de acuerdo sobre su utilidad, pasemos a considerar las condiciones que nos permitirán aprovechar al máximo las entrevistas con el tutor de nuestro hijo.
Periodicidad conveniente de nuestras entrevistas con el tutor
Es recomendable entrevistarse una vez por trimestre, preferiblemente unos días después de recibir las notas. A principio de curso, lo razonable sería acudir a mitad del trimestre.
No obstante, si algún acontecimiento nos hiciera sospechar que nuestro hijo o hija puede tenerun problema, valdría la pena contactar por teléfono con el tutor y valorar con él si es conveniente vernos. De todas maneras, no abuses de este recurso. No hace falta entrevistarse con el tutor si puedes resolver el problema por teléfono. Tampoco hace falta que llames por teléfono si puedes resolver el problema con una nota, y no es necesario que escribas una nota si tu hijo puede resolver la cuestión por sí mismo.
Preparación de la entrevista
Vale la pena concertar la entrevista con tiempo para que el tutor tenga ocasión de prepararla convenientemente.
Además de los datos que ya tenemos, es útil, durante los días previos a la entrevista, observar en nuestro hijo detalles como el tiempo semanal que dedica a hacer sus deberes y a estudiar, lacalidad de los trabajos escritos que realiza en casa, las dificultades que encuentra, el cumplimiento de sus tareas domésticas, qué hace en su tiempo libre y su estado de ánimo.
El día anterior a la fecha fijada es prudente que los padres dediquéis algún tiempo a preparar la entrevista de manera conjunta y que toméis nota de los temas que queréis abordar, de las informaciones que queréis transmitir y de las preguntas que os interese hacer.
Os puede servir de ayuda consultar y repasar la relación de posibles temas que incluyo a continuación. Es una manera de evitar que queden en el olvido algunos temas interesantes.
¿Qué temas conviene tratar?
1. Es conveniente informar al tutor sobre:
  • El tiempo semanal que nuestro hijo dedica a estudiar o a tareas escolares.
  • La calidad del trabajo observado.
  • El grado de responsabilidad en su estudio y en los encargos domésticos.
  • Las aspiraciones profesionales si ya está en los últimos cursos de secundaria.
  • La calidad del trato con vosotros y con los hermanos.
  • Los amigos con los que se relaciona y el tipo de relación.
  • A qué dedica el tiempo libre.
  • Estímulos educativos o pautas usadas en casa como medio de motivación o de formación.
2. Pedir información, en el caso de que el tutor no nos la ofrezca, sobre:
  • La actitud y comportamiento en clase.
  • Las expectativas que tiene respecto a nuestro hijo.
  • La relación que mantiene con los profesores.
  • Las relaciones que mantiene con los compañeros.
  • El grado de cumplimiento de sus deberes.
  • Las faltas de asistencia a clase.
  • Cualquier duda sobre el funcionamiento del centro o de las actividades extraescolares.
3. Solicitar la opinión del tutor sobre:
  • Nuestras estrategias educativas y las dificultades que encontramos.
  • Cómo colaborar para mejorar alguno de los aspectos en que nuestro hijo presente dificultades.
4. Expresar nuestra opinión sobre aspectos que consideremos mejorables en la organización del centro o de actividades docentes.
¿Cómo actuar durante la entrevista?
  • Es fundamental asistir a la entrevista, tanto si es un encuentro rutinario como si es una petición del centro, con el convencimiento de que asistimos a una reunión con un colaborador. Sólo si la entrevista tiene lugar en un ambiente de confianza podrá dar los frutos deseados.
  • Para contribuir al buen ambiente, es interesante comenzar hablando de los temas más satisfactorios para ambos y abordar más tarde los asuntos más desagradables o peliagudos.
  • En cualquier caso hay que intentar que la entrevista discurra en un tono amable y respetuoso, aun cuando las informaciones que recibamos no sean tan halagüeñas como desearíamos.
  • Es aconsejable llevar escritos los temas que queremos tratar y no dar oportunidades al olvido.
  • Lo más importante es acabar la entrevista con algunos propósitos concretos y, si es posible, llevárselos anotados. Una vez en casa hemos de conseguir mantener vivos los propósitos y valorar su eficacia en la siguiente reunión.
Por mi experiencia como profesor, puedo afirmar que el simple hecho de que los padres mantengan una entrevista con el tutor suele ser un buen estímulo para los hijos. Ésta es una de las acciones educativas más fáciles y eficaces de todas las que están a nuestro alcance.
José María Lahoz García
Pedagogo (Orientador escolar y profesional),
Profesor de Educación Primaria y de Psicología
y Pedagogía en Secundaria

miércoles, 28 de mayo de 2014

Respetar a los hijos

Respetar-a-los-hijos

Esperamos que nuestros hijos nos traten con el respeto debido y que sepan respetar a los demás. Pero ¿respetamos nosotros a nuestros hijos en la misma medida?
“Los niños pequeños tienen sentimientos pequeños”
“Los jóvenes de pocos años tienen pocos sentimientos”
Evidentemente, sorprende leer estas dos premisas. Es muy probable que al leerlas pudiera pensarse que un servidor no sabe lo que dice. Pero en cambio no es demasiado extraño que actuemos como si fuera cierto que a menor edad correspondieran menos sentimientos y menos dignidad. Y si no, preguntémonos por qué en ocasiones la manera de tratar a nuestro hijo no se corresponde con el respeto que debemos a cualquier persona adulta.
Aunque son pequeños y de corta edad, se sienten despreciados cuando les hablamos con altivez, humillados cuando les avergonzamos (a veces en público), y atropellados cuando les damos órdenes incomprensibles a sus ojos. Actuar así es la mejor manera de empezar a levantar barreras que dificultarán nuestro entendimiento con ellos. En cambio, si les tratamos con el mismo respeto que a cualquier persona, les ayudamos a sentirse tan importantes como los adultos, dignos de la misma consideración y favorecemos una comunicación fluida entre nosotros y ellos. Respetar es tratar a alguien con la debida consideración.
El respeto que les tenemos a los hijos se manifiesta en la calidad del trato que les otorgamos y en la atención que ponemos en tratar de no invadir sin permiso sus espacios de autonomía. No es lo mismo, por ejemplo:
-Supongo que esta mañana no has podido dejar ordenado tu cuarto. Me gustaría que lo hicieras ahora.-¡Eres un cochino, siempre lo dejas todo de cualquier manera! Haz el favor de ordenar tu cuarto.
Las ventajas educativas de tratar a los hijos con el debido respeto son decisivas. Si nuestra relación con ellos no se basa en la consideración, se vuelve imposible llevar a cabo una acción educativa eficaz y la convivencia, a medida que se van haciendo mayores, resultará dificultosa. (Lectura recomendable: Ser padres con sensatez).
Dos grandes razones justifican la necesidad de otorgar a los hijos un trato basado en el respeto:
  • Los niños tienen sentimientos igual o más intensos que nosotros. A menudo nos olvidamos de ello y pensamos que no tener ni el poder ni la madurez de la edad adulta es sinónimo de no acusar lo que pasa alrededor de uno.
Cuando a Pablo, en plena fiesta de cumpleaños de un amigo, su madre empezó a limpiarle los pantalones sacudiéndole con fuerza e increpándole furiosa: “¡Qué cochino eres! !Mira como te has puesto! ¡Siempre has de ser el más desastrado!” le estaba poniendo en evidencia delante de todos y los sentimientos de Pablo fueron de vergüenza y de odio hacia su madre.
- Cuando reciben un trato considerado, reaccionan con actitudes de colaboración. Pronunciar una frase amable para pedirles alguna cosa en vez de una orden autoritaria y cargada de reproches genera en ellos sentimientos de agradecimiento que les animan a identificarse y colaborar con la persona que no manda, sino que pide, recuerda, sugiere. No es magia: al igual que los adultos, los niños responden según los estímulos que reciben, se adaptan al trato recibido.
- Cuando reciben un trato desconsiderado o irrespetuoso, acaban por asumirconductas irrespetuosas, negativas e incluso agresivas. Al sentirse maltratado, el niño no puede por menos que sentir aversión hacia aquellos que le tratan mal, que no tienen en cuenta su dignidad. Y con esos sentimientos como cojín de su voluntad, es difícil que tenga ganas de seguir las indicaciones que ha recibido. Al contrario, es probable que por despecho, tenga ganas de desobedecer.
Imaginemos por un momento que en una reunión de amigos, nuestra pareja se mancha la camisa y, en voz alta y con tono de reproche le decimos: “Eres un auténtico desastre, siempre haces igual, mira como te has puesto, da vergüenza ir contigo a cualquier sitio…” Una situación similar sería tan inaudita que el simple hecho de imaginarla nos resulta cuando menos gracioso.
En cambio, si la escena se plantea entre padres e hijo, adquiere normalidad, pierde dramatismo. Incluso veríamos con relativa normalidad el pensar en un castigo si el hijo contestara una impertinencia.
Parémonos a pensar: ¿por qué nos parece normal destinarle un trato a nuestro hijo que de ninguna manera destinaríamos a nuestra pareja? ¿No podemos deducir que realmente nos olvidamos de pensar que tiene sentimientos y reacciones que dependen en gran medida de nuestra actitud con él?
  • Los niños aprenden a relacionarse y a comportarse por imitación y por contagio. Cuando son pequeños aprenden a hablar en el idioma que hablan los padres y, sólo mediante enseñanzas sistemáticas insistentes, consiguen aprender otros idiomas. Aprenden imitando las palabras que oyen. Pero al aprender a hablar no sólo adquieren esta habilidad, sino que adquieren con las palabras unos contenidos, unas actitudes, unas maneras de comunicarse.
Tan importante como las habilidades que adquieren son las ideas, actitudes y sentimientos que les han rodeado y que también aprenderán por imitación y por contagio. Pensemos por un momento en lo que aprenderá un niño cuando reciba de sus padres un trato más delicado, respetuoso y considerado, cuando haya podido imitar a sus padres en su consideración, delicadeza y respeto, y cuando, las palabras que haya escuchado desde pequeño expresen ideas valiosas y sentimientos positivos… Por el contrario, ¿qué forma de relacionarse y que valores tendrá un niño cuyos padres crearon en su casa un ambiente de falta de respeto, de autoritarismo, de desconsideración…
Es posible que, después de lo antes expuesto, quede en mis palabras un eco que no se corresponde con mi intención ni con la realidad de las cosas. Las palabras, con frecuencia son equívocas y nos inducen a errores. Me gustaría puntualizar que cuando hablo de respeto,consideración y delicadeza, no quiero decir no-intervención, no quiero decir que no haya que contrariar a los hijos, no quiero decir que debamos dejarnos avasallar por sus exigencias. Sólo quiero dejar claro que amonestar, orientar, informar o exigir no es lo mismo que insultar, avasallar, maltratar, humillar o avergonzar.
-¿Araña?- pregunta un transeúnte a una señora que acariciaba dulcemente a su gato sentada en un banco del parque.
-No, es un gato- respondió ella con cara de sorpresa.
Ciertamente las palabras engañan, pero son también una preciosa herramienta para transmitirles a nuestros hijos sentimientos de aceptación y de respeto.
José María Lahoz García
Pedagogo (Orientador escolar y profesional),
Profesor de Educación Primaria y de Psicología
y Pedagogía en Secundaria

fuente: solohijos.com